lunes, 28 de febrero de 2011

Uribarri se confiesa


Hace unos meses, en la televisión autonómica de Castilla y León, el experto en TV Miguel Herrero entrevistó en su sección sobre nostalgia televisiva a José Luis Uribarri, donde se hizo un repaso a su longeva carrera televisiva.

Se fue recorriendo desde sus primeros años en una TVE sencilla y austera, donde se hacía desde informativos a magazines, pasando por una publicidad casi improvisada. Se hizo especial hincapié en el mayor éxito profesional de la carrera de Uribarri, el programa musical "Aplauso", que estuvo en antena alrededor de 5 años y fue referente mundial como programa de música actual y contó con la mayoría de las mejores figuras del panorama musical de la época. Un auténtico fenómeno que fue dirigido y guiado de forma excepcional por el veterano presentador y que le generó una fama y unos contactos que duran hasta hoy.

Se jacta Uribarri en la entrevista de ser amigo personal y descubridor de innummerables figuras de la TV y la música, tal y como se jacta de conocer los intríngulis eurovisivos. Sin duda, debe de haber sido una vida apasionante la de dos José Luis que debió de verse duramente afectada cuando quedó arrinconado en la nueva TVE que el cambio político sobrevenido con las elecciones de 1982 instauró, en la que ya no cabían la mayoría de las caras más conocidas de los años anteriores. Una situación injusta para muchos de aquellos profesionales cuya situación de ostracismo generó una infrautilización de una gran masa de trabajadores plenamente válidos que tuvieron que esperar la llegada de otros tiempos mejores para ellos.

Uribarri lo sufrió, y cómo. De ser el director de uno de los espacios más aclamados de la programación, que no sólo le proporcionó prestigio y popularidad sino unos contactos y experiencias al más alto nivel, pasó a desaparecer literalmente de la pantalla, "haciendo pasillos" durante casi 9 años o como modesto locutor de continuidad hasta que fue rescatado para ser la voz de la OTI y Eurovisión, a principios de los 90.

Podemos decir que estos festivales, y el de Eurovisión en particular, le han permitido una segunda juventud profesional, llegando a traspasar generaciones en plena popularidad. Si Eurovisión no se hubiera cruzado en su vida, su carrera habría acabado en el más absoluto de los silencios, olvidado tras 20 años sin aparecer en pantalla. Pero la Eurovisión en España también debe saber agradecerle que Uribarri llegara a sus cabinas de comentaristas. Sus primeros años de los 90 como locutor permitieron que una persona que se interesaba por el festival nos hablara a todos los espectadores de él. A diferencia de otros que ocuparon su puesto, no sólo quería hacerlo, sino que sabía y podía. Todos sabemos que cometía errores pero sin duda fue un comentarista que sabía hacer su trabajo, sabía imprimirle ritmo, sabía contagiar la emoción del show y el lenguaje que utilizaba realmente es algo admirable sobre todo en los tiempos que corren en la televisión actual. Muy diferente de aquella desastrosa retransmisión a cargo del popular Luis Cobos o aquellos comentarios llenos de desprecio y despegados del interés eurovisivo del periodista de Radio 3 Tomás González o incluso los aburridos a mi parecer y carentes de todo ritmo de Beatriz Pecker, por no hablar de los extraños y totalmente antieurovisivos con los que nos deleitaron a mediados de los 80 el desaparecido Juan Miguel Ullán y Antonio.

Pero, a pesar de su grandes aptitudes como profesional de la televisión, se equivocó, creyendo que el protagonista del show era él y no lo que ocurría en el escenario. Quiero entender que quiso recuperar la gloria de un tiempo pasado mucho más brillante y comenzó a creerse vidente en las votaciones, sus comentarios comenzaron a cruzar la línea de la políticamente correcto y el desconocimiento eurovisivo del público en general, que le coronó como el gurú de Eurovisión, le cegó definitivamente. Es una cuestión  muy curiosa. Cuánto más popular se hacía entre el público general y más lo endiosaban, más barbaridades decía y más era repudiado por el público eurofán, que entendía de lo que él hablaba y sabía que se equivocaba.

Sea como fuere, yo reconozco que es la voz de mi infancia, cuántas veces habré oído sus comentarios en aquellos desconocidos festivales de los 90, cuando el festival se vivía para dentro, cuando uno no era más que un extraño adolescente al que le gustaba Eurovisión y para el que Uribarri era poco menos que un Dios, o al menos, ese señor que nos ayudaba cada año a saber quién era quién y nos proveía de datos para poder sobrellevar el año que quedaba hasta el próximo festival de la mejor manera posible, aunque luego con el paso del tiempo nos diéramos cuenta de que la mayoría de los datos no eran demasiado correctos. Y cuántos recuerdos me traen cada vez que vuelvo a oír aquellas frases, aquellos ripios y aquellas sentencias que han quedado para nuestra pequeña historia.

La vida de un profesional está cargada de momentos grandes y de otro muchos más pequeños, de grandes logros y de otros miserias. Y a José Luis Uribarri es justo reconocerles las dos, no sólo las peores.

Y como el maestro dijera en 1996, "disto hecho" os dejamos con el magnífico programa de Miguel Herrero dedicado a José Luis Uribarri.













2 comentarios:

  1. Hola Francesco:
    Por lo menos este año Europa entera descansará de sus comentarios haciéndose el sabiondillo prediciendo votos, chocheando y demás...aunque, claro, era relativamente mejor él que los soporíferos comentarios de Beatriz Pecker, o los petulantes de Ullán -q.e.p.d-, pero algo que tanto él como Wogan deberían haber aprendido es que al Festival había que respetarle y no restarle protagonismo con sus egos.
    Un besote y feliz día.

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  2. Pues sí, todo tiene sus puntos positivos y sus negativos... Está claro que el mal que ha hecho entre elpúblico en general haciendo creer que en el festival se sabe de antemano lo que va a pasar es algo imperdonable.

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