miércoles, 18 de mayo de 2011

Eurofans "taken for a stranger" en Düsseldorf


Ni que decir tiene que esta edición del Festival de Eurovisión nos ha regalado un show espectacular, con uno de los mejores escenarios de la historia, con cantantes de una gran calidad vocal, y con temas para todos los gustos. También hemos convivido en un lugar con una gran seguridad, y con un despliegue de elementos de seguridad que para sí querrían muchos países, pero también se ha demostrado que los alemanes no son perfectos en todo.

Para algunos de nosotros ya era, como mínimo, nuestro segundo festival en directo, pudiendo entonces establecer comparaciones con el anterior, y han sido muchos los elementos que hemos echado de menos por parte de la organización del evento en la ciudad alemana de Düsseldorf. Todos recordamos el año pasado en Oslo nada más llegar, una decoración genial al bajar del avión y entrar en el aeropuerto. Daba igual el lugar al que fijases la vista, siempre encontrabas un "share the moment" y sus bolitas. En Düsseldorf no, tuvimos que esperar hasta recoger la maleta para encontrarnos con una caja blanca metalica con el logo de eurovisión en la cinta portamaletas.


Pero esto no fue uno de los aspectos más importantes, aunque fué el primero sometido a critica. Tras coger nuestras maletas nos dirigimos a un stand de información con los logos eurovisivos, donde lo más que pudimos conocer es que los chicos que los llevaban eran turcos, y que por supuesto, no hablaban inglés, lo cual sería el inicio del handicap más importante que nos encontraríamos más adelante incluso en los previos a las galas. Tras muchas vueltas y gracias a la ayuda de unas chicas muy simpáticas conseguimos llegar a nuestros destinos, deshacer las maletas, y dirigirnos al Euroclub, local de encuentros nocturnos de todos los eurofans y artistas, a priori.

En Oslo, el euroclub era pequeño, pero bueno, aunque como sardinas, nunca tuvimos limitaciones de ningún tipo para acceder. En Düsseldorf si, cada día, inventaban una política de acceso nueva: listas para apuntarse, invitaciones, y lo peor de todo: no poder acceder los días de las semifinales 1 y 2, a pesar de estar el local a medio llenar como en días anteriores. Entonces la pregunta de muchos fue: ¿Si soy eurofan, y no me dejan entrar en el euroclub?, ¿dónde voy a escuchar música de eurovisión? Pues no había nada organizado a modo alternativo, y muchos nos tuvimos que ir a dormir.

También muchos echamos de menos la figura del "Eurovillage" dónde se podía escuchar música en directo de los participantes, comprar los productos oficiales de eurovisión, o tener un lugar de encuentro diario al aire libre.

Y por fín llegó el momento de vivir las galas, donde encontraríamos el último handicap criticable a un evento europero que reune a 43 paises: el idioma. Los elementos de seguridad dentro del recinto te hablaban sólo en alemán, y el amenizador previo a las galas también. Media hora antes de cada gala tuvimos que sufrir a un señor hablando y bromeando en su idioma natal y local mayoritariamente.

Por todo esto, nuestra pregunta es: si los alemanes deseaban organizar un evento europeo, ¿por qué nos hicieron sentir tantas veces como unos extraños?

El año que viene, en Bakú.

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