lunes, 5 de septiembre de 2011

Sin prejuicios hacia Bakú

Sin duda, las palabras de los directivos de la UER tras las reunión en Bakú reflejan un ánimo de incluir y no de excluir. Claro está que Azerbaiján dista bastante del nivel europeo en general en la mayoría de los aspectos, pero si bien, en palabras de Jon Ola Sand, ni la UER ni el festival de Eurovisión son organizaciones o eventos políticos, la participación que puedan tener en el desarrollo, avance o modernización de un país  o una sociedad  siempre debe ser bienvenida.

Cómo si no puede entenderse que sean actualmente los países del este de Europa los más interesados en la promoción, lanzamiento y victoria en el festival de Eurovisión. Ocurrió con las victorias de Estonia, Letonia, Ucrania, Serbia, Rusia y ahora Azerbaiján. Y se constata casi cada año con las apuestas de Rumanía, Bosnia-Hercegovina, Armenia, Georgia y tantos otros. Y puede abrirse el espectro si es real la reincorporación de Marruecos o la llegada de otros nuevos países.

Confiar o no en que la organización azerí esté al nivel de los últimos años es aún una incógnita, pero no sería justo negarles la posibilidad de que lo consigan. No hace falta mirar muy atrás para recordar que el año pasado no fue precisamente fácil encontrar una cama barata donde dormir en Düsseldorf, que fue la ciudad finalmente elegida tras numerosos avatares y con bastante retraso en comparación a otros años;  además de otros fallos de organización indignos de un país como Alemania.

No era la España de 1969 un país al nivel político o social, ni de libertades, comparable al resto de Europa. Incluso Austria rehusó participar en un país gobernado por una dictadura. No era Yugoslavia en 1989 un bálsamo de paz y fue capaz de organizar el concurso a las puertas de la desintegración. Valgan los dos ejemplos para confirmar que si bien Eurovisión no es un evento de discusión política, sí puede servir para ayudar al desarrollo social e incluso de las infraestructras de un país, dada la fuerza y la capacidad que el acontecimiento tiene y provoca. A la vista está que parece haberse convertido en un paso necesario más en la confirmación de la aceptación internacional de un país y en la aceptación interior de sus propios habitantes.

Sin duda, será algo interesante a seguir además del desarrollo habitual de la construcción y nacimiento de cada festival de Eurovisión, un reto al que estamos deseando asistir.

2 comentarios:

  1. Quizás no tengan la tecnología de Alemania o Noruega, pero para hacer el mejor festival solo hace falta ponerle ilusión, y ésta gente la tiene, si Serbia nos resultó seguro, porque no Azerbaiján?

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  2. Estoy de acuerdo, aunque haya dificultades, que las hay, no tienen porqué ser imposibles de superar ;)

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