domingo, 3 de febrero de 2013

Semifinales para olvidar

(c) www.uv.es
OPINIÓN

Por Sergio Cabrera

Para un eurofan amante del schlager escandinavo, no hay nada que se espere tanto cada año como el MGP noruego y, cómo no, el Melodifestivalen sueco. Yo diría que incluso, algunos años, con más interés y ganas que el propio Festival de Eurovisión. De la misma manera, no hay nada más frustrante que empiecen a conocerse las canciones y éstas no estén a la altura. La edición de este año del MGP ha sido realmente lamentable en cuando a las candidatas a representar a Noruega en Malmö, pero aún peor los resultados que se han ido viendo sábado tras sábado en la NRK. ¿En serio son esas canciones las que más gustan en el país escandinavo? ¿Es con eso con lo que quieren participar en Eurovisión? 


Noruega suele ser ambivalente en sus finales nacionales, con años terriblemente buenos y otros muy descartables. Así, como ya sabíamos desde hace unas semanas que Oslo no se llenaría de grandes himnos del schlager, todas las miradas y esperanzas estaban puestas en el Melodifestivalen. El aperitivo que nos llegó de Dinamarca, con casi un 100% de temas al gusto del eurofán, prometía una orgía musical. El viernes, las esperanzas saltaron en pedazos. El sábado a mediodía, cuando la SVT permitió oír las canciones, la desazón era palpable, con cientos de eurofans declarando que ninguna de las propuestas era de su agrado. 

El sábado 2 de febrero será recordado por el eurofán como la noche en la que se cruzaban los dedos por 'el menos malo'. Era difícil, por no decir imposible, defender con ganas una canción de las que se oyeron en Noruega o en Suecia. No se podía ir con una a degüello porque ninguna realmente merecía la pena, más bien se trataba de que las peores no se clasificaran. Al final, como siempre, fue más arena que cal. En mi opinión, afortunadamente, se clasificaron Gaute Ormåsen (Noruega) y David Lindgren (Suecia), pero fue muy duro que la que fue para mí la única canción que merecía un poco (que no un mucho) la pena, el tema de Michael Feiner & Caisa, se cayó a primeras de cambio. 

Y en Noruega, además de mamarrachadas (más de la mitad de las canciones de la final lo son), hay que tragar con una copia de Ivi Adamou ('Bombo' no aporta mucho más que la canción chipriota del año pasado) y un intento de tercera división de Loreen (Winta). ¿Es que no había más originalidad entre los temas que se presentaron a la NRK? No me lo creo. 

Ahora cruzo los dedos para que el nivel del Melodifestivalen mejore, y mucho, la semana que viene. Nos faltan grandes nombres en la edición de este año (algo que me choca porque justo competir en casa te quita bastante presión a la hora de ganar el Festival), por lo que todo se basa en los temas. Y si las canciones van a ser tan malas y flojas como las de este sábado, apaga y vámonos. 

Sólo una cosa permanece perenne: la producción televisiva. Aún hay un detalle en el que la calidad sigue altísima: el trabajo de ambas cadenas. Ver el comienzo de cada programa, las caretas de entrada, el ritmo con el que se hace, que no duren más de hora y media, el trabajo de post-producción, los vídeos entre canción y canción, la música de fondo... Quién no sueña con ver algo así alguna vez en TVE. Es lo único, desgraciadamente, que ha separado el MGP noruego y la primera semifinal sueca de una preselección lituana, maltesa o armenia. El continente ya es perfecto, ¿por qué cuesta tanto entonces perfeccionar el contenido?

No hay comentarios:

Publicar un comentario