lunes, 15 de abril de 2013

Ayer y hoy de Eurovisión en Suecia: 1992

Siguiendo con el repaso por los festivales celebrados en Suecia en la historia de Eurovisión llegamos a 1992. Si cualquiera podría notar diferencias importantes entre los dos primeros, 1975 y 1985, no sería tan fácil si nos pusiéramos a comparar 1985 y 1992. Y ahora intentaremos desgranar porqué y en qué momento se encontraba Eurovisión y Europa en aquellos instantes.


Sin duda, no eran los mejores tiempos de Eurovisión. El nivel musical del concurso se había quedado en mínimos desde unos años atrás, con honrosas excepciones, por no hablar de los años luz que le separaban de la música comercial del momento. Difícil era imaginar que una estrella pop de la época pusiera sus pies en tan anticuado programa. El espectáculo televisivo se parecía más a una estricta gala de los 70 que a un show musical de finales de siglo. Pocas reglas del concurso habían cambiado para modernizarlo desde la llegada de Frank Naef en 1978 a la supervisión del histórico festival. Es muy probable que el carácter conservador del suizo contagiara al propio programa y se convirtiera en un producto dirigido a una clase media acomodada y avejentada que chocaba con una sociedad europea que cambiaba con cada año que transcurría. 

Hay quien dice que Monsieur Naef decidió adelantar su jubilación voluntariamente porque no estaba dispuesto a lidiar con los cambios inevitables que se avecinaban en el horizonte. Cambios políticos y sociales en Europa que tenían que influir necesariamente en Eurovisión a pesar de su rígida postura a lo largo de 15 años de servicio. No querer 'comerse el marrón' de incluir a los países de Este en la futura Eurovisión fue el motivo de su renuncia anticipada (unos pocos años); personalmente, dicen que él creía que sería el fin del festival.

Y en esas estaba Europa, desmoronándose imperios soviéticos por un lado, poblándose de nuevos pequeños estados por el Este y, para sorpresa de muchos, casi todos ellos queriendo entrar fuera como fuera en aquel concurso anticuado y kitsch como era el Festival de Eurovisión. Y este llegaba a la ciudad sueca de Malmö, al Istadion (el estadio de hielo), lugar donde el equipo local de hockey sobre hielo jugaba sus partidos, dentro de la Malmömässan (la feria de Malmö). La SVT hizo, a diferencia de sus otros dos festivales, un show muy clásico, tanto por la discreta pareja presentadora, Lydia Cappolicchio (de origen italiano) y Harald Treutiger, como por el escenario elegido: un original frente de barco vikingo sobre un inmenso logo de Eurovisión, tan reconocible como desfasado. 

El propio Treutiger al inicio de la emisión resumen en unas pocas líneas lo que hasta ahora llevamos escrito: "El mapa de Europa cambia rápidamente. Viejos países desaparecen, nuevos se forman. Cuando el Este ya no es el Este y el Oeste ya no es el Oeste, Europa se ha hecho más grande". Y eso lo pronunciaba el mismísimo 9 de mayo, día de Europa. Afortunadamente para el festival, monsieur Naef tomó la puerta y dejó paso, con lentitud pero sin parada, a los nuevos tiempos. Por eso, creo que estamos ante el último festival antes del cambio que le llevaría hasta la modernidad actual.

Tras un sencillo reportaje en imágenes a vista de pájaro (muy similar a los que se hacían ya en los 70) sobre las bellezas de Suecia, los presentadores aparecen tras un show con majorettes al ritmo de "Fångad av en stormvind", ganadora del año anterior. La propia Carola interpretaría un tema de su nuevo disco, lejos de la rítmica canción ganadora. Curioso el  pequeño batacazo que pega desde una butaca en las votaciones.

23 países llegan a la final, récord histórico hasta la fecha, aunque efímero, porque en 1993 ya serían 25. España abrió el concurso con la primera aparición de un ciego en el escenario, nuestro Serafín Zubiri, que cantó "Todo esto es la música", un tema muy italiano (7 puntos nos dieron) que solo fue 14º. Mucho más destacó la hebrea Dafna, con su olímpica "Ze rak sport" (Es solo deporte), que llegó a ser sexta y sería una de las presentadoras en 1999. Grecia igualó su mejor resultado (5º) con la inquietante Kleopatra y "Olou tou kosmou i elpida" (La esperanza de todos). Francia por su parte seguía con su apuesta por los ritmos étnicos con el criollo Kali (7º) y por Chipre veíamos por primera vez a la popular Evridiki, con la imagen más sexy que ha llevado en sus tres ocasiones. 

El top tres estuvo compuesto por primera vez en la historia por tres canciones en inglés: Malta, con Mary Spiteri, superaba su mejor resultado del año anterior con un tercer puesto para la clásica "Little child". Junto a ella, el favorito Michael Ball por el Reino Unido, que tuvo que conformarse con el segundo lugar frente a la repetidora irlandesa, Linda Martin, que apostó por una gran balada de Johnny Logan para iniciar la temporada más irlandesa del festival. Austria, que también partía como favorita con un tema del todopoderoso Dieter Bohlen, no pudo pasar del 10º lugar con Tony Wegas, que volvería en 1993. 

Si hubiera habido justicia, Mia Martini debería haber ganado aquel festival por Italia, pero esto es una apreciación personal. Entre otras favoritas de los fans también estaba la histriónica Merethe Trøan por Noruega (18º), los daneses Lotte Nilsson y Kenny Lübcke (un habitual de los coros de Dinamarca en años venideros) o los islandeses de Heart 2 Heart (con la segunda aparición de Sigga). El popular grupo Wind (16º) concursó por tercera y por última vez por Alemania, con tema de Siegel, y lo que quedaba de Yugoslavia hizo lo propio con la exuberante Extranena (13º) para no volver (ya como Serbia-Montenegro) hasta 2004.

Es la única vez que Suecia ha sufrido un mal resultado como anfitriona (22º) con el popular Christer Björkman como solista de la melancólica "I morgon är en annan dag". No le afectó mucho a la moral porque estuvo en dos finales de Melodifestivalen más (1993 y 1999), además de haberse convertido en el rey de Eurovisión en Suecia. Tras unas votaciones tranquilas, con un triunfo competido pero no in extremis de Irlanda, la SVT ventiló con eficacia pero sin lucimiento un festival de Eurovisión que pasaría desapercibido completamente en la historia si no fuera por los tiempos de cambio en los que aconteció.

A punto de ceder el bastón de mando, Naef fue homenajeado, parcamente, con un ramo de flores que le entregó Carola justo antes de comenzar la votación y, emocionado, dio las gracias "de corazón" a la televisión sueca "por su destacable y perfecta organización". No es difícil entrever aquí la bofetada sin mano que el suizo enviaba a la RAI por su controvertido e infausto trabajo realizado en 1991. También dijo que ahora quedaba preparar cómo se adaptaría el concurso a los nuevos países que llegarían, pero con media sonrisa deja dicho que eso es un tema que ya trabajará la EBU... Él se apartaba del camino.

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