viernes, 16 de mayo de 2014

Eurovisión 2014: Imparable (II)

(c) express.co.uk
Y llegó la final, ansiada por todos durante un poquito menos de un año. Este festival nos llegó antes que los anteriores, y quizás eso se notó algo en el horroroso clima de Copenhague, bastante peor que el de Malmö el año pasado, estando ambas ciudades juntas. Todo listo para ver cómo las 20 finalistas y las seis clasificadas directas se enfrentaban en una gala muy dinámica, entretenida y con bastante ritmo, gracias a ese orden confeccionado por los productores tras los sorteos de la semana.  


Los presentadores, por lo general, cumplieron su breve cometido con soltura y elegancia, sin hacerse protagonistas ni provocar excesivos momentos bochornosos (quizás demasiadas referencias a China). Y, sobre todo, sin gritar, algo tan frecuente en los presentadores de la década pasada, década que, por cierto, cada vez soporta peor el paso del tiempo. Parece que la labor de estos cada vez resulta más breve, una presentación escueta, recordatorio de cómo y cuándo se vota, y los necesarios pasos a los intermedios. Quizás la que más pudo improvisar, y muy contenidamente, fue Lise a la hora de charlar con los artistas en le Green Room. Es por esto que contar con tres me parece algo innecesario y un apartado de donde se puede ahorrar. 

El vídeo de introducción a los James Bond (¿un guiño a la canción de Conchita?) resultó simpático aunque la oruguita-mariposa de 2013 tenía un componente de ternura que lo hizo muy especial. La presentación de los cantantes, como el año pasado o en 1961 o 1983, resultó amena aunque mucho menos espectacular y solemne que la travesía por el puente en Malmö. La imagen de la bandera en el suelo y el fondo fue lo más espectacular del momento.  

Ucrania abrió la noche con el primer ‘circo’: la rueda con el chico-hámster que se pegaba un carrerón importante en cada actuación y algún costalazo se metió en los ensayos al saltar de la rueda al final. El tema era muy mediocre, a pesar de contar entre las primeras en las apuestas, y Mariya, que cambiaba el final en cada ensayo, sin el apoyo del coro se habría visto en apuros más de una vez. Excesivo premio el sexto lugar, a pesar del apoyo que tenía al recibir votos dada la situación actual del país, en medio de un golpe de Estado y a las puertas de una guerra con un enemigo feroz. 

Bielorrusia tuvo que lidiar con el puesto más temido: el segundo. Nadie ha ganado desde este puesto, pero tampoco creo que TEO aspirara al triunfo con su simpático “Cheesecake”, que sorprendió a muchos clasificándose para la final, a la que llegó con holgura. Lograron un show divertido, juvenil, ameno y bien resuelto, sin necesidad de hacer nada especial. El tema sonaba lo suficientemente bien como para volver a repetir 16º lugar, como “Solayoh”. 

Azerbaiyán este año veía aproximarse el final de su época dorada, sus seis top 10 consecutivos se han interrumpido este año, porque el telefoto solo la situó en un pobre 22º, puesto final en la clasificación a pesar del 8º lugar que le dieron los jurados. Una presentación quizás fuera de lugar con la trapecista que distraía del ambiente intimista que la canción requería. Dilara intentó defenderla lo mejor que pudo y el coro la apoyó en los momentos necesarios. Es bueno que no haya nadie que sea o se sienta intocable. 

Islandia llegó a la final por delante de otras canciones quizás más amadas por los fans, pero tanto público como televoto la colocaron dentro. Los chicos eran muy mandos y estaban entregados a la causa, y eso se transmitía en pantalla. El mensaje de la canción era también interesante, por lo que al final evitaron el fantasma del bottom e incluso es la mejor clasificación islandesa (15º) desde la plata de Yóhanna en 2009. 

Noruega ha sufrido del mal que Bélgica y Armenia también han padecido este año: favoritos nada más ser presentados y posterior declive imparable. Llegaba por tanto con menos fuelle del que se previó en un primer momento, pero el apocado y apagado Carl Espen hizo su trabajo con suficiencia y la presentación que la delegación noruega decidió fue bastante atractiva, quizás menos dramática e intensa de lo que podría haber sido. Era una apuesta arriesgada y valiente que ha salido bien. El jurado (9º) la salvó de un resultado peor ya que al televoto le gustó solo para el 17º. Aún así, segundo top 10 seguido para Noruega. 

Rumanía quería repetir el éxito de Paula y Ovi en 2010 pero todo apuntaba a que no sería así. A pesar de ser subcampeones de su semifinal, ni el tema era excesivamente original ni la competencia se lo iba a permitir. Una puesta en escena bastante decente, con elementos curiosos y puntos brillantes como la ‘desaparición’ de Paula además de la interpretación correctísima de ambos valió para el público un top 10 peor no así para el jurado. Aún así, Rumanía sigue siendo finalista seguro hasta ahora y Paula y Ovi ostentan el mejor resultado del país en el festival.

Armenia se desfondó al llegar a Copenhague. Ya mostraba signos de flaqueza en las apuestas poco antes de comenzar los ensayos y pese a una de las escenografías más atractivas de la noche (en cuanto a iluminación y fondos), la interpretación de Aram solo fue suficiente y no aportó la brillantez que el tema tenía a ratos, sobre todo cuando la estupenda instrumentación se hacía más patente. Tratada de forma similar por jurado y público, el cuarto lugar es un puesto justo para los caucásicos, que vuelven al top 5, que ocuparon en el relativamente lejano 2008. 

Montenegro aparecía por primera vez en la final. Tras varios intentos vanos, este año tenía que ser el suyo. Aunque con el grave hándicap de no tener a casi ninguno de sus vecinos concursando, Sergej contaba con su popularidad en los Balcanes para asaltar por fin el marcador. Y con una balada al más puro estilo adriático, que hizo las delicias de los amantes de este tipo de música. Quizás la escenografía fue también un tanto desconcertante, con la bailarina restando protagonismo al tema, pero los fondos preciosos compensaban sobradamente este punto. Sergej demostró ser uno de los profesionales más serios de la noche y, aunque parece bastante mayor en pantalla de lo que es, hizo un papel muy digno a pesar de su modesto 19º lugar. 

Polonia llegaba para poner la primera polémica de la noche. El show provocativo soliviantó a mujeres y hombres por motivos distintos. El público enloqueció con tal muestra de carne en escena pero el jurado no le perdonó, por lo que la media resultó en un 14º lugar, bastante correcto para los méritos de la canción y de la cantante. Es el mejor resultado polaco desde 2003 (!) y la primera vez en la final desde 2008. Ya tiene motivos para continuar. 

Grecia llegaba con el tema más juvenil y cañero de la noche, y si su intención era poner de pie y a saltar a todo el pabellón lo consiguieron. No parece que causaran tan buena impresión ni en público ni sobre todo en jurado, puesto que su 20º lugar es el peor para los helenos desde 2003. Claro que la interpretación de los jovencitos fue más que discutible, medio asfixiados desde el comienzo. Y la cama elástica más propia de verbena que de Eurovisión. 

Austria llegó, impresionó, sorprendió, convenció y arrasó con su balada-himno a lo Shirley Bassey cuya letra responde perfectamente a la filosofía que Conchita y la ORF traían a Eurovisión 2014: la tolerancia y la lucha contra lo que de negativo te encuentras en la vida; cada uno es como es, cree en ti mismo y adelante. Austria volvió a vivir un apoyo que no había ni olido desde el quinto puesto de 1989, que ya son años de espera. Y un apoyo que personalmente no he visto jamás en el interior del recinto (a menos que fuera un anfitrión). Apoteósis y locura general de fans y seguidores de todas partes que cantaban, vitoreaban y jaleaban a Conchita antes, durante y después de cantar. Aún así, intentábamos poner cordura en el asunto y separar lo que era la gran favorita de los fans y lo que podía ser su resultado tras los votos de los europeos en sus casas y los jurados en sus televisiones. Pero no, resultó que la mayoría estábamos de acuerdo y que lo que Conchita nos daba era lo que queríamos, así que la victoria llegó justa y merecida, con una interpretación sublime, una presencia excepcional en escena, una escenografía muy bien planteada con juego de cámaras e iluminación excelentes y un magnetismo de la cantante que deja hipnotizado. ¿Había canciones mejores? Quizás, aunque lo de los gustos va por barrios. ¿Intérpretes mejores? Puede, pero la altura artística de Conchita no tiene duda. Y en Eurovisión estamos muy acostumbrados que el que tiene un mucho de todo y además sorprende es el que gana. Gracias Conchita por tantas emociones que nos has hecho vivir durante esta Eurovisión, eso no tiene precio. 

Alemania le tocó la china de salir tras Austria. Y delante de Suecia. Pero supo defender con garra un tema muy alternativo, con un estribillo pegadizo y bien construido, y su apuesta por la juventud y por algo diferente no tuvo quizás el premio merecido, aunque el jurado le reconoció con un puesto cercano al top 10. Una puesta en escena sencilla cuyas serpentinas jugaron varias malas pasadas a la solista en los ensayos aunque al final tuvieron piedad de ella y modificaron la zona donde caían. Mejor puesto que Cascada y a la espera de que el año próximo la NDR vuelva a apostar fuerte. 

Aquí llegó el primer descanso con el primer libro de los récords, de los que habíamos visto ya varios en la semifinales. Bueno, en España no, porque cortaban para emitir ridículas autopromociones que no tenían sentido ni era momento. Si hubiera sido publicidad podría haberse entendido pero ni siquiera eso. Otro feo detalle de TVE.

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