martes, 23 de junio de 2015

Eurovisión 2015: Puente de ida y vuelta (I)

(c) eurovision.tv
Un mes es plazo suficiente para poder meditar y tener los sesos más descansados con el objetivo de saber analizar más nítidamente lo que ha sido el festival de Eurovisión 2015. Los eliminados, los finalistas, los resultados, las galas, Edurne, TVE, Conchita, y los innumerables detalles que conforman el espectáculo musical más importante de la televisión.

En varios artículos repasaremos todos estos detalles. Comenzamos hoy recordando (a los que estuvimos) y contando (a los que no pudieron) los aspectos más destacados de la organización del evento este año. Si el año pasado el espectáculo interior fue sobresaliente, y le valió un Premio Ondas en España, los trabajos para facilitarle la vida al fan, acreditado, asistente a las galas y todo humano que visitó las cercanías del B&W Hallerne desearon muchísimo que desear. En este caso, Viena, además de ser una ciudad monumentalmente atractiva, brilló por un sistema de transporte estupendo (taxistas aparte) y una ubicación del recinto casi en pleno centro. Siempre había algún voluntario con interés, aunque también con más empeño que eficacia.

La Welcome Party resultó un tanto nefasta para los fans de base (no acreditados) ya que no pudieron acceder a una semidesierta zona de fans con pase para disfrutar del pase de los artistas, un punto muy negativo en la cuenta de la ORF. La Eurovillage, con un programa tan corto como aburrido, tampoco brilló, como no lo hizo el Euroclub: un incómodo e insuficiente sistema de pulseras para entrar para los no acreditados impedía disfrutar de un acceso merecido para los fans, que van a la ciudad organizadora a eso, a disfrutar y no solo a gastar a manos llenas. Quizás es hora de hacérselo recordar a los jerifaltes. El Eurofancafé suplió parte de esta circunstancia y la picaresca española el resto.

Entrando ya en materia de competición eurovisiva, comenzamos a pensar en los que ocurrió en la semifinales, con los eliminados en las primeras galas, auténticos perdedores no solo por no llegar a la gran final, sino porque no tienen muchas más posibilidades de lucirse en un concurso que frecuentemente se centra solo en unos cuantos. ¿No sería interesante invitarles a que asistan a la final, mencionarlos, incluso entrevistarlos en uno de los huecos que el intermedio (normalmente interminables) permita? Sería un paso más para la integración de estos países que pagan lo mismo que el que llega a la final, que llegan una semana antes que los del BIG, por ejemplo, y que ensayan como el que más para luego dejarlos olvidados.

Valga para ambas semifinales, dos únicas canciones no pasaron el corte porque prevaleciera la valoración del jurado: Finlandia y la República Checa. Ambas fueron décimas para el público y quedaron por debajo de esa posición límite para el jurado. En cambio, Armenia, Serbia, Polonia y Montenegro no fueron de las escogidas por el jurado y sí por el televoto, y lograron el pase. En el otro lado de la balanza, solo Hungría y Azerbaiyán consiguieron pasar por el peso a favor del voto profesional.

Moldavia fue la undécima de la primera semifinal, ese puesto maldito y bendito a la vez, que permite el consuelo del 'faltó poco' y la angustia del 'que poco faltó'. 41 puntos, 21 menos que el décimo, dejaron a Moldavia fuera con un show que a muchos nos recordaba a lo que se llevaba en Eurovisión hace seis o siete años: mucha parafernalia, mucha coreografía, mucha pierna, escote y torso, pero poca chicha musical. Eduard no tiene una voz de categoría y la canción, aunque abría una semi poco competida, no logró el beneplácito ni de jurado (13º) ni de público (11º). Solo fue votada por países del Este o balcánicos, con un 10 de Georgia como tope. Se queda fuera por segundo año consecutivo, aunque mejora el último lugar de 2014 con Cristina Scarlat.

Bielorrusia es otro país 'Guadiana' en Eurovisión: clasificado para la final en los dos últimos años, vuelve a quedar fuera tras el sorprendentemente austero show presentado este año. Austero para lo que nos tiene acostumbrado este país en el festival, con puestas en escena alambicadas y un gusto por lo barroco excesivo. Con una canción que pecaba de repetitiva y que bordeaba los límites de la clasificación, la escenografía casi inexistente no sirvió de empujón para llevarlos a la final. Por lo que se comprobó en las ocasiones en las que se dejó ver, el dúo no parecía tampoco muy empático fuera del escenario. En cambio, para el jurado fue suficiente (7º) pero para el público no pasó de un modesto 13º lugar. 39 puntos y un 12 de Georgia fueron sus éxitos.

El maleficio del año siguiente al anfitrión se cebó de nuevo con Dinamarca. Le ocurrió en 2002, cuando fue última con Malene Mortensen tras organizar el festival en Copenhague en 2001. Este año han quedado eliminados con la naïf canción de la modesta banda Anti Social Media. Ni la canción arrancó nunca, ni los chicos del grupo supieron hacerla arrancar, y eso se termina pagando. A pesar del ritmo entretenido y sus aires retro, ni jurado (14º) ni televoto (12º) decidieron auparles a la final. 33 puntos en total y dos 7 como máximos. A muchos nos queda la impresión de que la DR respiró aliviada cuando ganaron el DMGP después del ruinoso festival de 2014 por lo que suponía un descanso casi seguro para 2016. Los chicos disfrutaron enormemente de la cerveza vienesa durante el resto de la semana.

Holanda también se tuvo que conformar con pasar de la gloria al infierno: 33 puntos obtuvo igualmente Trijntje, lo que colocó fuera de la final a uno de los temas que, a priori, fue más celebrado tras su elección, allá por noviembre pasado. Los desacertados vestidos y velos que le encasquetaron a la solista, su dificultad para afinar la canción durante los ensayos, un tema ñoño para los gustos del televoto o una escenografía a años luz de la brillantez de 2014 fueron posibles motivos para su eliminación, que se tenía por cantada días antes de su semifinal. Es triste que una cantante del recorrido de Trijntje se quede fuera de una final, con un tema de calidad, pero en Eurovisión juegan muchos elementos y el televoto la juzgó insuficiente para pasar (15º). El jurado la colocó (5º) y es una de las participaciones que más diferencias tuvo en ambas valoraciones. Diez países la votaron, con pocos puntos en cambio. Esperemos que la AVROTROS no pierda el toque que había recuperado en los dos últimos años y pronto veamos un festival en tierras holandesas.

Macedonia eligió también en noviembre un tema de calidad y que contrastaba bastante con sus recientes elecciones. De producción y composición escandinava y con la voz del ganador del X Factor multinacional de la zona, el éxito parecía poder estar de su lado. Hasta decidieron cantarla toda en inglés de cara a tener mayores posibilidades. Pero la inclusión de un coro que ensombrecía al solista, de una interpretación lejos de la versión en estudio y de una pérdida de encanto en escena determinante se cargó las posibilidades de esta participación y deja de nuevo a la pequeña república exyugoslava fuera de la final, que no piso desde 2012. 28 puntos, última para el televoto, penúltima para el jurado, pero con un diez (Albania) y un 12 (Serbia) en su haber. 

Y cerró la clasificación de la primera semifinal Finlandia. Polémicos desde el principio, los PKM no supieron aclarar si lo suyo era un ejercicio de normalidad socio-artística que había que apoyar o una mala actuación musical. Y ante la duda, el conjunto decidió que era lo segundo. El jurado valoró lo que musicalmente les suponía el tema punk de minuto y medio escaso (última posición) y el televoto quiso ser más benevolente y les otorgó el décimo lugar, en ambos casos lejos o lejísimos de los resultados esperados poco antes. 13 puntos fue el bagaje final, casi todos concedidos por países orientales. Ya en la final finlandesa de febrero, el jurado los juzgó de forma similar, por lo que no sorprende esta nueva valoración. Finlandia podrá volver con facilidad a la final en cuanto recupera su tono que había conseguido en los últimos años, con temas de variados estilos pero habitualmente con acierto.

La segunda semifinal nos dejó siete nuevos descartados: Malta fue la undécima de esta gala, con 43 puntos, justo diez menos que Azerbaiyán (el que le concedió la República Checa a los azeríes). La actuación de Amber fue bastante buena vocalmente, a pesar de sus más y sus menos en los ensayos. Quizás un tema demasiado trillado, una escenografía muy inspirada en "Rise like a phoenix" y un perfil demasiado bajo en la participación en general no lograron despertar un apoyo mayor en el televoto, que fue quien la dejó fuera (12º), mientras que el jurado puso por delante sus puntos fuertes (5º). Resultado similar al holandés, con gran diferencia entre jurado y televoto, ganando el veredicto del público. 

Once países votaron a Irlanda, con un ocho del Reino Unido como máxima aportación. Fue quinta entre los jurados y penúltima entre el público, un resultado que deja a Irlanda de nuevo fuera, como en 2014, a pesar de presentar la antítesis de aquella canción. No estuvo de lo más fina Molly en la noche de la semifinal, y el tema gustaba y aburría a partes iguales según se oía decir en los días previos. A Irlanda le apremia un diseño profundamente renovado de su forma de elegir representante para el festival. Ya parece que no valen las mismas vías que en los 80 y 90.

De éxito podría considerarse la representación checa de este año, la cuarta de su historia y la más exitosa con diferencia, no solo por el 13º lugar conseguido con 33 puntos (el triple de lo que llevaban hasta ahora) si no por la sensación de haberse quedado a las puertas esta vez, y no a años luz. De hecho, fue 10ª para el público pero el jurado no la vio suficiente para colocarla por encima del 12º. Las interpretaciones de ambos cantantes fueron bastante destacables, a pesar de un aire de teatralidad un tanto forzado a ratos y un tema que no daba más de sí, por manido y monótono. Esperemos que la televisión checa quiera continuar su carrera eurovisiva y el próximo año podamos volver a contar con un tema suyo.

Diecinueve modestos puntos fueron a parar al casillero de Portugal, que no supo acertar escogiendo en su final nacional al tema más moderno, dentro de lo que cabe, que tenían, pero interpretado de forma deficiente por su solista. Otras opciones más tradicionales pero de mayor calado se quedaron fuera y el desastre estaba cantado desde febrero. Nuevos arreglos y un mejor sonido en Viena intentaron solucionar lo que, desde el principio, no tenía solución. Hasta Leonor afinó más de que lo se podía esperar de ella y el estribillo del tema se pegaba entre los seguidores allí presentes. Un 6 de Suiza fue su máxima puntuación y un año más y van 4, nuestros vecinos no logran el pase a la final. Fue 13º en ambas votaciones. 

Y catorce fueron los que obtuvo Islandia, para sorpresa de las apuestas y charts que semanas atrás la colocaban entre las quince primeras de la final. Una escenografía cuanto menos simple y una interpretación vocal más que mejorable la dejaron sin opción alguna, a pesar de un coro que hizo lo que pudo, con Hera Björk entre ellos. Debió de ser un mazazo para la delegación de la RUV, que había visto clasificar sus canciones ininterrumpidamente desde 2008. Cuando contábamos el discurrir de la final islandesa en enero, ya dijimos que las selecciones que se fueron haciendo habían dejado fuera a la mayoría de las canciones mejores. Si bien "Unbroken" era un tema decente y muy escuchable, la presentación final la dejó en una situación insalvable, además de ser apisonada por la máquina sueca que salió detrás. 14ª para televoto y 15ª para jurado, con un 5 azerí como tope.

San Marino, o Siegel Marino, confió de nuevo en el veterano compositor alemán para devolver al pequeño Estado a la final. No pudo ser como se prevía, dada la canción tan añeja que presentaron y la interpretación justita de ambos cantantes. Si bien Michele se defendió mejor que Anita, la jovencita no dio una nota. Aun habiendo sido los mismísimos miembros de Il Volo, esta canción no hubiera tenido salvación, a pesar de una escenografía bastante estudiada y efectista y el aire tierno que daban los dos adolescentes en escena. Un 6 de Irlanda y un 5 de Montenegro fueron sus puntos; última para el jurado y antepenúltima para el público.

Y cerró una canción de esas que no horroriza a nadie pero tampoco enloquece, de las que ocupan la mitad de la tabla sin conseguir puntos y por tanto terminan hundiéndose a la postre. Suiza presentaba un medio tiempo bastante decente, con un ritmo que no resultaba vanguardista pero que sonaba bien, y cantado suficientemente bien por la joven Mélanie. El conjunto no consiguió resaltar, ni los aires indianos ni los tambores, ni por moderna ni por retro, ni por bien cantada ni por llamativa. Una medianía mortal que la condenó, seguramente de forma injusta, a unos míseros 4 puntos concedidos, de uno en uno, por Azerbaiyán, Islandia, Noruega y Polonia. Para el televoto fue última y para el jurado 14ª. Si Austria tuvo que ver nace a una Conchita, quizás otra Céline tendría que hacerlo para ver ganar de nuevo a Suiza visto lo visto hasta ahora. Nadie es imposible.


No hay comentarios:

Publicar un comentario