jueves, 25 de junio de 2015

Eurovisión 2015: Puente de ida y vuelta (III)

En nuestro análisis de los finalistas de Eurovisión 2015, nos adentramos en la segunda tanda de países, desde Chipre a Rumanía.

Actuar detrás del, a la postre, campeón y con un tema en las antípodas del sueco no era una tarea fácil para el joven cantante de Chipre. El experimento de intentar repetir el éxito de 2004 con un tema del mismo autor y mismo estilo no surtió efecto y el encanto de Lisa Andreas no se vio este año, a pesar de la interpretación medida y solvente de John y de una escenografía bonita, con tanto toque 'astral'. El 22º puesto es poco más que ficticio ya que de los once puntos conseguidos, 10 fueron de Grecia y el otro de Eslovenia. Es curioso que haya sido el primer año desde hace lustros que Grecia y Chipre no se conceden la máxima puntuación, quizás una muestra más de que este sistema, con sus imperfecciones, funciona y es el más adecuado de cuántos se han aplicado hasta ahora. Más curiosidades: para el público fue 8º en la semi, misma posición que para el jurado, mientras que en la final, cayó hasta el 23º y aunque mantuvo el 9º lugar en los gustos del jurado, la media fue letal.
El debut de Australia en el festival no vino sin polémica ni eurodramas: que si no debían por no ser Europa, que si le fueron otorgados muchos privilegios (no pasar por semis, votar en las dos), que si dónde iba a celebrarse si ganaban, etcétera. Pero sea como fuera, los australianos han sabido elegir un tema innovador y actual, con gancho y muy competitivo, además de un cantante de primera fila y de gran categoría vocal. Lograr eso a la primera (aunque lo pagara todo la SONY) no puede ser casualidad ni debería ser obviado por los responsables eurovisivos de muchas de la televisiones europeas que año tras año se empeñan en presentaciones muy lejanas a estas premisas. Si la participación de Australia sirve para espabilar estas actitudes, bienvenida sea; así le fue reconocido con su quinto puesto casi 200 puntos. Si habrá retorno o no también genera eurodrama, pero eso se verá dentro de unos meses...
Bélgica este año es el paradigma de que todo es posible en Eurovisión. Acostumbrados nos tiene Bélgica, habitualmente, a canciones poco comerciales, poco actuales, o simplemente ancladas en una visión de Eurovisión que poco o nada tiene que ver con la que impera (normalmente) en la actualidad: ejemplos como el grupo a capella de 2011, el 'Copycat" de 2009, el segundo intento de "Sanomi" de 2006 y un largo etcétera... Pues bien, siendo Bélgica, con esta tendencia y un palmarés bien discreto, ha sido capaz de convertirse en una de las apuestas más relevantes, arriesgadas, modernas y sorprendentes del año. Debería servir de ejemplo para aquellos responsables que, perezosamente, apuestan cada año por 'algo más', sin salirse del tiesto para evitar complicaciones o, simplemente, por falta de ojo. No vale la excusa de que un país tiene ya su destino escrito eurovisivamente hablando cuando acabamos de vivir una victoria austríaca y cada año contemplamos ejemplos de cómo países que no destacan generalmente, cuando innovan o sorprenden con calidad, se cuelan irremediablemente arriba. Y eso que "Rhythm inside" no era ningún temita facilón, simple y con garantías de arrasar. Pero el riesgo a veces sale bien y la modernidad de la canción, unida a una escenografía original, una coreografía impactante y una personalidad y calidad vocal de Loïc impresionante, se logró no dejar impasible a casi nadie (solo Azerbaiyán, Malta y Montenegro faltaron ). Los 217 puntos (con tres 12's) constituyen el mejor resultado para Bélgica, superando a la victoria de 1986 y el subcampeonato de 2003. Jurado y televoto por igual supieron valorarla, con un 2º lugar en la semi y un 5º en la final para jurado y un 3º y 5º para el público.
Y hablando de países que son capaces de lo mejor y lo peor, llega Austria. Si bien la canción de este año era un bonito tema melódico, que sonara ya oído y pudiera haber tomado parte en cualquier festival de hace 20 años quizás le haya pasado factura. Puede que el piano ardiendo no tuviera tampoco mucho sentido y el conjunto fue castigado por el público con un 0 absoluto y la última posición final, a pesar de que el jurado le concedió el 13º lugar. Por primera vez, el anfitrión ocupa el último lugar con 0 puntos, un resultado que los miembros de 'The Makemakes' se han tomado con sentido del humor y que la ORF ha debido digerir con sabor agridulce.
Grecia apostó por la balada, 9 años después de que Anna Vissi ejerciera de anfitriona en Atenas. Desafortunadamente, María-Élena no es Anna a pesar de su figura elegante y su porte distinguido. Vocalmente siempre estuvo rozando el límite y la canción nunca despertó el interés esperado, quizás por pertenecer a un género ya superado y carecer de la gracia suficiente para compensar sus carencias. Aunque la solista se queje de que le jurado chipriota fue el responsable del sorprendente '8' que le otorgó el país vecino, su resultado no podía ser mucho mejor dada la competencia y sus propias limitaciones. De hecho, en la semi fue 4ª para el jurado y 9ª para el público, mientras que en la final fue 21ª y 18ª respectivamente. ¿Se equivocó Grecia al cambiar su habitual estilo fiestero por esta bonita pero simple balada mediterránea? Israel se lo agradeció.
El último exyugoslavo de la final en aparecer fue Montenegro. Por segunda vez consecutiva en ella (todo un logro), los ritmos balcánicos volvían a sonar en escena, con un nuevo tema del popular Zeljko (el quinto). El veterano Knez, a pesar de su imagen abotargada, supo defender con su potente voz y su saber estar el tema, logrando un momento muy celebrado en el pequeño baile junto al coro que le acompañaba, con su hija entre ellas. Las críticas al insistente uso de este tipo de canciones por todos los países exyugoslavos solo parecen tener sentido parcialmente, por cuanto el 13º lugar de este año significa la mejor posición del país hasta ahora. Su clasificación fue un tanto extrema: 9ª entre el público y 11ª en el jurado; mientras que en la final fue al revés: 18º/12º. Su excesiva dependencia de los votos vecinos deja siempre en entredicho el resultado de este país: solo los 2 puntos suecos suenan 'reales', el resto de los 44 tienen muchos matices.
Nuevo resultado desastroso para la representación de Alemania. Si ya el desenlace de la final nacional fue grotesco, con el ganador declinando la participación en el festival y pasando el turno a la subcampeona. Qué hubiera pasado si aquel hubiera aceptado no lo sabremos nunca pero lo que si sabemos es que Ann-Sophie no logró convencer. ¿Fue la canción la que no caló? ¿La escenografía un tanto fría? ¿El conjunto, que recordaba por momentos a la gloriosa Lena? ¿O, simplemente, que dentro de la competencia, el tema alemán no lograba pasar el corte? Así las cosas, el televoto la dejó 25ª y el jurado 18ª, pero la media quiso que el 0 fuera el dígito final en su marcador. Desde 1997 no había habido dos ceros en la final, algo que costará seguramente ver de nuevo otra ristra de años. ¿Cuajará tras esto la idea de un Melodifestivalen alemán para intentar cambiar las perspectivas germanas en el festival?
Polonia fue una de las finalistas sorpresa para la mayoría. Tras los ensayos y la pobre actuación vocal de Monika, pocos la metía dentro del paquete pero el televoto la colocó cuarta (¡!) y el jurado no evitó su clasificación a pesar de dejarla penúltima. ¿Fue la aparición en su silla de ruedas la que ablandó el corazón de los telespectadores? ¿O es que salieron encantados después de oír la baladita polaca y la interpretación de la solista? En la final, las cosas fueron parecidas: para el televoto fue 15º y para el jurado, la última. Sus 10 puntos no destacaron mucho y la apuesta polaca, tan distinta de la del año pasado, no fue reconocida más allá de ocupar un lugar en la final, que es ya un premio.
Si Bélgica es uno de los ejemplos del año de cómo arriesgando se puede tener éxito, Letonia no lo es menos. Ausentes de la final desde 2008, los bálticos han conseguido llamar la atención este año y unirse a los vecinos estonios y lituanos en la final por vez primera desde 2002. Aminata deslumbró en los ensayos consiguiendo varios hitos: disimular su diminuta y enjuta figura con una presentación estética admirable;  hacer una interpretación vocal de primera, sino la mejor del año; conjuntar a un coro también excepcional; crear un atmósfera muy atractiva sin grandes complicaciones; y, por último, presentar una canción bastante complicada como un tema de masas. Solo la aparición de Australia la despojó del top 5 (10 puntos de diferencia), pero sus tres 12's la destacan como una de las triunfadoras de la edición. En ENYD la comparábamos con "Run (Más)" de Brequette cuando apareció, sobre todo en el estribillo, lo que nos lleva a pensar en qué hubiera sido de España si ese tema más comercial hubiera llegado a Copenhague el año pasado. El jurado se volcó con Letonia, concediéndole el segundo lugar en final y semifinal, solo por detrás de Suecia. El televoto fue más moderado: 3º en la semi y 8º en la final.
Rumanía este año se movió siempre en territorio de nadie. La bonita melodía de la canción y la temática comprometida podían asegurarle un cierto eco y consiguió clasificarse de nuevo con facilidad: quinto en el televoto y octavo en el jurado. El show preparado con las maletas y las caras de los niños jugaba una doble posibilidad: que ese efectismo cayera en gracia o que resultara demasiado evidente. Al final, ni una cosa ni otra, un modesto 15º lugar, en línea con los recientes resultados del país, apoyado por su diáspora (12º entre el público) pero con menos éxito en el jurado (21º).

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