jueves, 25 de junio de 2015

Eurovisión 2015: Puente de ida y vuelta (II)

Un mes de plazo es un buen margen para poder hablar de análisis y resultados sin la emoción sobrevenida que enturbie el entendimiento o la objetividad, toda la que es posible en algo como el festival de Eurovisión.
Por eso, pasado este tiempo tras la sexagésima final de Eurovisión, nos atrevemos a desgranar país por país las actuaciones, resultados, tendencias y trayectorias de todos los finalistas que pasaron por el escenario de Viena el pasado 23 de mayo. Ya repasamos en otro artículo a los no finalistas, así que llega el turno a los suertudos clasificados, que ya consiguieron un primer triunfo al llegar al gran show final.

Eslovenia tuvo el honor de abrir por primera vez la final de Eurovisión desde su debut en 1993. Considerada una de las pseudofavoritas desde que fue elegida en el EMA, una puesta en escena excesivamente modesta y un vestuario elegido con poco ojo hacía presagiar en los días de ensayos que el resultado podría no estar tan cerca del top 5. Paradigma de lo que significa desinflarse, "Here for you" quedará como un tema de alta calidad cantada con mucho gusto y con un estilo muy particular pero que no supo venderse en escena. ¿Resultado injusto? Posiblemente sí, 39 puntos es un escaso bagaje aunque el 14º lugar parece maquillar vagamente lo que pudo ser un éxito mucho mayor y se quedó en el camino. Un 8 de Macedonia fue su mayor logro, ignorada por casi todos los países occidentales, que no supieron apreciar el estilo y calidad de la canción. En la semifinal fue 5ª (7ª televoto/6ª jurado), mientras que en la final fue 19ª televoto/15ª jurado.
Francia no logra encontrar su hueco. Agria polémica ha surgido tras el nuevo fracaso galo con un antepenúltimo lugar y 4 ruinosos puntos (3 de Armenia y 1 de San Marino), el doble que en 2014. Si aquel año los ritmos desenfadados y el toque despreocupado de tema e intérpretes fueron juzgados con dureza por público y jurado, este año la seriedad, elegancia y formalidad de "N'oubliez pas" no ha sido capaz tampoco de recopilar el gusto de ambos jueces. Si bien la cantante defendía con solvencia la canción, el carisma no era su punto fuerte; y si bien la canción iba sobrada de buena intención y se convertía en un himno fabuloso (muy al final), el olor a antiguo le costó buena parte de los apoyos posibles. Ni siquiera la atractiva puesta en escena ni el formidable truco de los tambores final consiguieron lo que en los ensayos pudo parecer casi un milagro inesperado. Si la jefa de delegación se pregunta porqué, es que simplemente es posible que no valga para ser la responsable de la participación de la televisión francesa. Porque un análisis frío debe poner a las claras que el tema llegaba 20 o 30 años tarde y que Eurovisión, guste o no, va por otros derroteros desde hace mucho tiempo. En la final fue penúltima para televoto y 19ª para jurado.
Israel tuvo la ventaja de ser el primer tema festivalero de la noche. El primero con ritmo machacón, con estribillo bailable, con coreografía pegadiza y con carne a la vista. Y esto tiene su público. Para mucho, la tv hebrea ha ocupado este año el lugar musical que Grecia venía explotando desde hace unos años, con bastante éxito. Si bien el solista siempre dejó que desear, el conjunto resultaba simpático y contagioso, tanto como para convertirse en una de las favoritas de los fans, cosa que se notó en su apoyo en directo. Quizás es una pista para los países mediterráneos, algo que Turquía y Grecia han utilizado hasta la saciedad últimamente y que pueda dar buen resultado a otros vecinos ribereños en un futuro cercano. El noveno lugar devuelve a Israel al top 10 después de siete años y, a falta de la diáspora que beneficia a griegos y turcos, se antoja un resultado más que justo para "Golden boy". En la semifinal fue segunda para el televoto y cuarta para el jurado, mientras que en la final se mantuvo la igualdad: 7ª/8ª respectivamente.
Estonia era la primera gran favorita en aparecer. Afectada en parte por el "efecto desinfle", tras ver los ensayos y poder apreciar la original puesta en escena con el juego de iluminación imitando puertas, entradas y salidas, la cosa se animó y hubo posibilidades, si no de triunfo, al menos de llegar al top 5 aún. Aunque las interpretaciones con rostros serios y miradas frías formaban parte del tema de la canción, quien no estuviera al tanto de lo que iba posiblemente no pudo entender el porqué de esas caras. La canción en sí era digna de estar en lo más alto y sus 106 puntos la consiguieron subir hasta el séptimo lugar, un resultado correcto aunque inferior al esperado cuanto ganaron el Eestilaul allá por febrero. No obstante, un nuevo ejemplo de cómo ser elegante, moderno y solvente que viene de un país y una televisión pequeña pero con grandes ideas y ganas. El resultado de Estonia es sorprendente: el público la colocó 2ª en la semi, mientras que el jurado la dejó en un vertiginoso 10º. En la final, el resultado fue 5º/11º. Se ve que el impacto fue mayor en casa que en los jurados.
Si Francia tiene el norte perdido, el Reino Unido está totalmente desorientado en su camino eurovisivo. Cuando fue elegida la desdichada "Still in love with you", la mayoría de las reacciones fueron tremendamente negativas, no solo fuera sino también dentro del país, salvo algunos escasos obstinados defensores. Ejemplo claro y contundente de desvarío musical en pleno 2015, la simple idea de querer competir con este tema en el festival muestra la poquísima idea que tienen los responsables de la delegación de la BBC de lo que hay que hacer. Que países como Bélgica o Letonia, por mencionar alguno, o la recién llegada Australia, den lecciones de música, espectáculo, voces, y un eterno etcétera a otros países, entre ellos a la cuna del pop como Gran Bretaña debería ser suficiente para la todopoderosa BBC para saber que lo que están haciendo está desesperadamente mal. Dos modestos cantantes amateurs no pueden cargar con la responsabilidad de defender una canción totalmente fuera de sitio y encima ponerle cara a un show que rozaba lo vergonzoso, por no describir el traje de la chica. Cinco puntos son muchos para un despropósito tal (1 de Irlanda, 1 de Malta, 1 de los inefables sanmarinenses). Resultado similar en televoto y jurado: 24º/23º respectivamente.
Armenia fue el primer país del Este en aparecer por escena. Antaño rival a batir, este año quiso utilizar el festival para tocar el tema de su históricamente demandado genocidio con una balada-himno con más intención que gracia, con sus seis intérpretes representando a su tan extendida diáspora. Poco éxito se le auguraba a pesar de su cabal puesta en escena y sus buenas voces, que no evitaban que el conjunto resultara anodino. 34 puntos, todos de países vecinos o con presencia de emigrantes, la auparon al 16º lugar final., excesivo para el juicio de muchos. Responsable de la clasificación para la final fue el público, que la colocó 6ª (¡!), mientras que el jurado la dejó fuera (11ª). En la final, idéntica responsabilidad: 11º televoto/22º jurado.
Lituania tuvo este año la idea de rehacer el concepto de canción festivalera. Como si de un hit eurovisivo de los ochenta se tratara, Monika y Vaidas llenaron de color el escenario, usaron un estribillo hiperfacilón, ritmos extrarepetitivos, coreografía facilona y un cierto toque cursilón para así intentar el asalto del top 10, que solo lograron una vez. No pudo ser, y el 18º lugar fue el premio final para una canción que era lo que era, un ejercicio renovado de algo muy visto y muy trillado, aunque interpretado con gusto, gracia y maña. El televoto la apoyó con mayor claridad en la semi: 6º frente al 10º en jurados. En la final, ambos la colocaron 16ª.
Israel partía como la favorita de los fans, pero el título se lo arrebató a última hora Serbia, gracias a la entregada y divertida Bojana y a su pegadizo tema. Se convirtió en el tema más bailado, gritado y aplaudido y consiguió parte del éxito que significa su 10º lugar final. La potente voz de Bojana, a veces algo descontrolada, el show divertido y colorido reflejó bien la idea de himno a la diversidad que la canción contaba. Viendo el plantel de rivales, este top 10 suena para muchos a exceso, pero sus vecinos y algún punto más lejano le fueron bastantes para que sumar 53, cantidad que otros años habría sido insuficiente siquiera para rondar el bottom. Disparidad de criterio con Serbia: el público le dio el séptimo lugar de su semi, mientras que el jurado no la consideró mejor del 14º. En la final, igual: 10º/24º.
Noruega pertenecía a ese cupo de países pseudofavoritos, que se movió cerca del top 5 en las apuestas, sin significar nunca un peligro real para los auténticos rivales a batir. De hecho, su éxito comercial ha sido bastante modesto, a pesar de ser una favorita habitual entre muchos fans. La canción ha ganado el premio Marcel Bezençon al mejor tema del año, y sin duda tanto por la belleza de sus notas como por la originalidad de la letra merecía destacar. La interpretación quizás quedaba por debajo de lo que merecía la composición, sobre todo la de ella, pero en las galas finalmente se desenvolvieron bastante bien y el show resultó tan discreto como original, en un caso similar al de Estonia: quizás había que entender de qué iba para apreciar mejor el porqué de una escenografía en exceso simple. De hecho, el jurado la valoró en la semi como la tercera mejor y en la final como la séptima, mientras que el público la juzgó quinta en la semi y en un ruinoso 17º en la final. Solo dos 10's como máxima puntuación y de nuevo el octavo lugar, como en 2014.

Noruega raspó la victoria en el Norsk Melodi Grand Prix frente a la segunda clasificada allí y eso a veces indica las posibilidades de ser favorita a la victoria en la competición internacional. Cuando una canción arrasa en su selección local, las posibilidades de hacer lo propio en Eurovisión son muchas. Ya ocurrió con Rybak en 2009, o con Loreen en 2012; ambos consiguieron un éxito formidable en su casa y se repitió en Moscú y Bakú. Por Suecia, Måns Zelmerlöw lo hizo en el pasado Melodifestivalen y viendo los ensayos en Viena ya dejaba entrever que su producción e interpretación hacían gran sombra a la gran mayoría de competidores. Solo la potencia de la madre Rusia y el encanto de Italia podían hacer que se tambaleara su triunfo. Pero terminó imponiéndose su insuperable puesta en escena, la modernidad de su tema y el buen hacer y ver del solista, hasta el punto de superar los 350 puntos (365, 7 menos que Loreen) y 12 máximas puntuaciones. Y no fue fácil plantarle cara a la oposición que casi cada año tiene Suecia por el hecho de ser Suecia, además de las acostumbradas acusaciones de plagio y demás historias y eurodramas que entretienen pero también fastidian las largas semanas previas al festival. La polémica le acompaña hasta el final: por si no fueran bastantes los 365 puntos, los doce 12's y los once 10's, su éxito en ventas y playlists internacionales, el que el jurado la colocara primera y dejara a Italia sexta y el televoto la juzgara como tercera y diera por ganadora a Italia ha desatado las iras de los fans de la participación italiana, por encima de la simple aceptación de que las reglas son así y valen para antes y para después de los resultados. Luego analizaremos el posible porqué del resultado italiano.

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