viernes, 26 de junio de 2015

Eurovisión 2015: Puente de ida y vuelta (y IV)

En nuestro último artículo vamos a repasar los finalistas que cerraron el show, de España a Italia.

España volvió a fallar en Eurovisión. Solo 8 países se acordaron de votar a "Amanecer", con un cinco de Francia. El televoto nos fue más benévolo (20º), pero el jurado no estuvo con la apuesta de TVE (25º). A pesar de contar con una canción decente, una intérprete digna y una puesta en escena adecuada, los jurados y el público europeo no la valoraron como una de las mejores. Porqués puede haber muchos. Siendo todo lo anterior cierto, también es verdad que la mayoría de las demás participaciones contaban con grandes puntos a favor, de una manera u otra. Y la competición es como es, nada está asegurado. Se ha hablado de la poca originalidad de la canción, de la frialdad de Edurne en escena, del sinfín de tópicos usados en el escenario, etcétera. Y también de las habituales frases hechas de la envidia, la manía, el intercambio de votos, el vecinismo y otras tantas ocurrencias. Más allá de las posibles causas, que bien pueden ser un poco de cada una de las anteriores, habrá que ponerse a pensar en el futuro y cómo recuperar un éxito que se nos escapa cada año. Y está en la mano de los responsables de TVE el definir un concepto de representación, un método de elección, un camino a seguir claro y definido en el que la originalidad, un cierto riesgo, la calidad y mucha aptitud y actitud sean los guiones básicos. No parece fácil, visto lo visto tras tantos años. A Edurne el resultado no debería preocuparle. Lo hizo bien y demostró que tiene capacidad de trabajo, encanto y puede hacer suyo un espectáculo cualquiera.

Hungría quiso jugar la baza de la canción con mensaje, algo tan antiguo como el propio festival pero siempre de moda. La paz era la idea a compartir con Europa y, si bien esto es muy valorable, la forma en la que vino presentada no lo fue tanto, con una canción tremendamente aburrida y una puesta en escena que solo al final pudo llamar algo la atención y alegrar con el colorido lo que hasta ese momento era casi un funeral. A veces no lo es todo el mensaje y la factura a pagar fue el vigésimo puesto. En esta ocasión fue responsabilidad del jurado el verla en la final puesto que la clasificó sexta en la semi, mientras que el público la dejó duodécima. En la final, similar: 17º/22º. Unos inoportunos 8 puntos de Estonia al final dejó a España un puesto más abajo.
Por Georgia venía "la otra guerrera" del año. Si bien la maltesa no logró asomarse a la final, la georgiana pudo volver a interpretar su tema con sus góticos atuendos y sus plumas de cuervo adornando a la pequeñita Nina. A pesar de los excesos de vestuario y maquillaje y de un semblante enfadado, la canción cuajó lo bastante por sus ritmo rockeros y distintos de la media de este año, aunque extraordinariamente repetitivos. Una buena escenografía remató lo que casi se convierte en un nuevo top 10 para los caucásicos y consigue un hito para Georgia, habitualmente "la hermana pobre" de esa región: es el primer año que consigue ser la mejor clasificada de las tres, ya que Georgia fue 11ª, Azerbaiyán 12º y Armenia 16º. Contó para ello con el apoyo de esos dos países precisamente (10 puntos de cada uno). G:son tuvo consuelo con este resultado.
 
Siguiendo por el Cáucaso, Azerbaiyán trajo de nuevo una apuesta seria y de calidad tanto por la canción como por el cantante. Con una letra muy original y un planteamiento complejo, la Suecia del Este llegaba como una de las aspirantes al top 10, pero ensayo tras ensayo se iba antojando cada vez más complicado. No termina de funcionar el empaste entre escenografía (con unas imágenes muy conseguidas), la coreografía (vanguardista pero enrevesada) y la voz de Elnur, que sin poder achacarle nada especialmente negativo, no brilló a la altura esperada. A veces algunos temas en estudio dejan el nivel tan alto que, por muy perfectos que suenen en directo, el listón no puede más que bajar y se termina notando. Es el segundo año consecutivo que la todopoderosa delegación de Azerbaiyán sale del top 10, volviendo a poner a las claras la idoneidad de este sistema de votación, aunque el público general (y algunos fans de vez en cuando) lo pongan en entredicho. Cada año cada país no tiene asegurado ningún resultado y se puede pasar de la gloria al infierno en unos meses. De echo, logró la clasificación in extremis: el público la colocó 11ª y el jurado 10ª. En la final, en cambio, empate: 14º lugar para ambos. En ella, 22 puntos de dos únicos países: Georgia y República Checa, que le dio su 12 tal y como hizo en 2008, la otra vez que coincidieron.
La segunda del triunvirato favorito en aparecer fue Rusia. El baladón épico, con arreglos pop, que cantó desgarradamente Polina no paró de crecer en la apreciación de todos desde que empezaron los ensayos. Gracias a una puesta en escena espectacular en cuanto a gráficos y trucos de iluminación y, sobre todo, a una solista de primera (a pesar de su tendencia a la sobreactuación), Rusia se iba a asegurar un resultado excelente. Y tanto fue que pasó gran parte de la votación liderando, hasta que el algoritmo que prepara la UER para dar emoción al resultado fue decantando la balanza a favor de Måns. El subcampeonato hace para Rusia el número tres de su historia eurovisiva y es un nuevo top 10. También debió sufrir menos abucheos que el año pasado, aunque aún se mantuvieron sobre todo en las votaciones, algo que en directo se percibió mucho menos con los aplausos sobrepuestos que la realización introducía. Esta práctica convendría desterrarla porque no resulta justa ni deportiva para con los intérpretes. Pero fue quizás más doloroso para Polina oír como la gran mayoría de los allí presentes, en la terna entre Rusia y Suecia para la victoria, se decantaran manifiestamente por el sueco con los ya famosos gritos de "Sweden! Sweden!" a la hora de esperar el 12 de cada país, sobre todo a partir de la mitad de la votación, y la impresionante ovación cuando pasó a ocupar la primera posición. Aún así, un gran éxito para Rusia (aunque puede que le sepa a derrota) con victoria clara en la semifinal para público y jurado y subcampeona de nuevo para el público y 3ª para el jurado en la final. Los cinco 12's y los 303 demuestran un gran potencial, que en otro festival podría haber significado una victoria fácil. A destacar, para acabar, la limpieza de los votos de Rusia este año: acostumbrados nos tiene a que sus máximas puntuaciones las ocupen, sí o sí, sus países satélites, este año el 8 ha sido para Suecia, el 10 para Bélgica y el 12 para Italia. Pero para los tercos, "siempre se votan entre ellos".
Albania fue otra de las participantes que sufrió el efecto desinfle. Considerada una de las grandes favoritas al top 10 desde el cambio de canción, los ensayos constataron que la interpretación de Elhaida no era la que se esperaba. De nuevo, como en el caso azerí, las expectativas fueron decepcionadas y el resultado en directo distaba mucho del disco. Octava y novena en la semifinal (para público y jurado respectivamente) fue el jurado quien se encargó de hundirla en la final, dejándola penúltima, por el noveno lugar del televoto. ¿Quizás porque la interpretación del viernes (que es cuando vota el jurado) fuera considerablemente peor que la del sábado? Solo cuatro países la votaron, tres de ellos vecinos (28 de los 34 puntos). Ni siquiera Italia se dignó acordarse de ellos, a pesar de la popularidad de la solista allí y del peso emigrante en la votación.
Y el último miembro del triunvirato es Italia. Siempre en el límite entre lo clásico y lo antiguo, la canción de los chicos de Il Volo fue acogida tibiamente entre la crítica en Italia tras ganar Sanremo, por estar muy vista y mostrar una imagen de la música italiana alejada de la realidad actual, a pesar de corresponder con la que muchos tienen de ella en el extranjero. Un suerte de contradicción que hacía dudar de la acogida que este tipo de temas iba a tener en Eurovisión, visto además el escaso éxito de otras canciones similares años atrás. Pero el buen hacer de los tres jóvenes, su profunda compenetración en escena, su imagen juvenil en contraste con el clasicismo de vestuario y ritmos, y una melodía cautivadora lograron vencer los inconvenientes que se la planteaban. Como en Sanremo, enamoraron al público de forma excepcional, que les dio el triunfo en la final; pero al jurado les costó más entender que un tema compuesto en 2003 (y que podía haber sonado algunos años atrás ya por entonces) pudiera considerarse el mejor de los 27. El sexto lugar que les adjudicó ha escocido a algunos, pero el sistema funciona así y no se puede aceptar solo cuando gana la favorita de uno mismo. Nueve 12's es un premio excelente y 11 puntos la separaron del segundo lugar final. ¿Hubiera repetido NEK un puesto como este? Es una incógnita más de las tantas que nos plantea cada festival.
En resumen, el espectáculo, a pesar de un escenario más modesto que el año pasado, fue de primera, como suele ser, y el esfuerzo de los 40 participantes es siempre obligado reconocerlo. Todos van a defender su trabajo y su arte, pero siempre uno tiene que quedar abajo. Y el resultado no marca los méritos, solamente es un apartado inevitable pero no primordial de esta celebración internacional que mantiene su salud y su vigor nada menos que 60 años después de ser creada. Pocas cosas que se crearon hace tanto tiempo se mantienen activas con tan buena marcha como el Festival de Eurovisión. Y no puede ser casualidad.
Suecia va camino de convertirse en la nueva Irlanda, para deleite de algunos y condenación de otros, como todo en la vida. Seis triunfos que la acercan a la antigua reina de los marcadores y un nuevo éxito comercial para "Heroes" en todo el continente, que renueva al de "Euphoria" hace tres años y deja pocas bazas a los que solo achacaban el triunfo a la insuperable puesta en escena que la acompañaba. El año próximo habrá nuevas acusaciones de plagio, de homofobia o de algo nuevo, que en poco o nada quedarán como suele ocurrir. Pero también llegaran nuevos temas que volverán a hacer historia de la música, la televisión y la cultura popular de Europa. ¡Y allí querremos estar!

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