domingo, 13 de marzo de 2016

Los cómos y porqués de la final de Melodifestivalen de ayer

(c) svt
Un año más, Melodifestivalen ha pasado y Suecia y su televisión pública tienen un representante para Eurovisión 2016. Un nuevo éxito de audiencia, con más de 3 millones de seguidores de media cada semana y un nuevo récord de votos contabilizados: en la final, más de 12.000.000, gracias al método de la app para el móvil.

Quizás hemos vivido una de las finales más igualadas de los últimos años, con un favorito claro en las apuestas, que era Frans, pero una legión de rivales de gran nivel: Robin Bengtsson, Ace Wilder, Wiktoria, ... Pero siempre hay sorpresas, y no ha sido menos esta edición.

Abrió la noche el divertido quinteto Panetoz, con su simpático show y su animada coreografía, todo un poco alocado, pero cumpliendo su función. Octavos en el jurado y nada menos que quintos en el televoto, más que suficiente el octavo lugar final en la clasificación.

La jovencita Lisa Ajax cantó muy bien su tema, una de las mejores voces jóvenes, como dijimos en el artículo previo. Pero su canción sonaba un poco anodina entre los doce temas y no fue suficiente para pasar del séptimo lugar en el jurado y de un modesto décimo entre el público. Final: séptima, un correcto premio para una mejor cantante que canción.

David Lindgren no sale de su gafe. Siempre llega a la final con suficiencia pero, ya en ella, se hunde: noveno en el jurado y último, como en 2013, en el televoto. Penúltimo, finalmente. Y todo ello a pesar de un tema que podría representar a cualquier otro país con garantías de un buen resultado en Eurovisión, habiéndolo cantado bien y con un show muy decente.

Los ritmos africanos llegaron con el "Kizunguzungu", con un show bastante entretenido y aires divertidos. Fueron suficientes para conseguir un décimo puesto en el jurado y un séptimo en el televoto, lo que sumaba un modesto pero justo noveno lugar final.

Tocaba turno a una de las mejores canciones de la noche según el entender de muchos, "Human". Un buen tema pop con un estribillo que funciona muy bien que podría ser un hit de cualquier estrella internacional actual. Además, contaba con una puesta en escena que casi convertía la actuación en un videoclip. En cambio, había críticas contra la interpretación de Oscar Zia, juzgada insuficiente vocalmente y un poco exagerada en cuanto a gestos. Parece que pudo más la fuerza del tema que la del cantante puesto que el jurado le dio la victoria, ajustada eso sí, y el televoto la colocó tercera. ¡Subcampeona de este Melodifestivalen!

Primera favorita oficial de la noche: Ace Wilder, la subcampeona de 2014. Ya decíamos que, a pesar del show espectacular y su soltura en escena, era probable que se enfrentara a una clasificación peor que su anterior ocasión. Así ha sido, puesto que el jurado la colocó tercera pero el televoto, sorprendemente, la dejó octava, salvando los muebles con un tercer lugar que no puede disimular la decepción real.

Robin Bengtsson también era favorito, segundo en las apuestas. Con su inmaculada camisa blanca a juego con su sonrisa y su armónica en mano, el resultado tampoco estuvo a la altura de lo esperado. Un quinto lugar en el voto del jurado y un cuarto en el del público. El quinto lugar final supo a poco.

Molly, la favorita antes de que se supieran las canciones, no pudo mantener su status. Con un show aceptable, el tema quizás carecía de gancho suficiente y sus opciones de victoria se desvanecieron poco después de su semifinal. Jurado y televoto la valoraron por igual: en el sexto lugar. Una medianía que la colocó lejos de su pronosticado triunfo, que empeora su anterior participación en 2012. 

Boris René era más bien el convidado de piedra de esta final. A pesar de su buena interpretación y de un tema que se deja oír con agrado, estaba claro que a poco podía aspirar según la competencia que tenía. El penúltimo lugar entre los jurados se sumó a un decentísimo octavo entre el público, para acabar décimo.

Llegó el turno al favoritísimo. Nada más aparecer en escena y comenzar los compases de su canción, Frans se metió al público en el bolsillo como ocurrió en su semifinal, eclipsando a todos los que habían salido antes. Y eso a pesar de que es una apuesta que no tiene término medio: o la adoras o la aborreces. Hay quien piensa que estamos ante un temazo de éxito internacional moderno y actual y a otros les parece aburrido y monótono. Hay quien ve en Frans a la personificación de la timidez y que disfruta con su cándida pero sentida interpretación y hay quien no soporta su aire lánguido y bisoño. Pero el jurado le colocó segundo, a un punto de Zia, y el televoto le dio el triunfo con más de 5,3 puntos de ventaja sobre la segunda.

Y esa segunda es Wiktoria, la rubísima de pelo escarolado que, enfundada en su mono base del mapping que constituye la esencia de su canción, interpretó esa especie de country que es "Save me". Si bien "Human" era mejor canción que su intérprete, a Wiktoria le pasó como a Lisa Ajax: es mejor cantante que su canción. El show es muy entretenido, quizás no tan espectacular como se pretendía, no por demérito propio, sino porque parece que los gustos tienden de nuevo al minimalismo. Cuarta en el jurado y segunda en el televoto: al final, tercera.

Y cerraron Samir y Viktor, el moreno y el rubio, los dos colegas que, sin ser cantantes, llevan dos finales en su haber. No tenían tanta fuerza como en su debut el año pasado, pero su himno prometía un buen cierre y su show, con calzoncillos incluidos, también. A pesar de que muchos lo vieran como algo excesivo. Esta vez, el jurado no estuvo de su lado: un cero y últimos. El público fue algo más benevolente, penúltimos, a pesar de que tuvieron más votos telefónicos que el año pasado... No les valió lo suficiente como para evitar que acabaran cerrando la clasificación de esta final. 

Porque este año, no sabemos si porque había más igualdad que el anterior, o porque los votos a través de la app trastoca lo que hasta ahora conocíamos, la votación ha estado mucho más igualada que en años anteriores. El ganador lo es con 156 puntos, la cifra más baja de los últimos años, pero también el último clasificado el año pasado obtuvo un 1,7% del televoto y este año un 5,9%. Y el ganador arrasó con un 35,1%, lo que hacía prever en el festival no tendría casi rival.

¿Supone esto que Ftans no tendrá capacidad de luchar en Eurovisión? Hay dos antecedentes: en 2011, año en el que se introdujo este sistema, Eric Saade ganó con 193 puntos, algunos más que Frans, y acabó tercero. En 2013, en cambio, Robin Stjernberg ganó con 166, y fue 13º. Eso sí, Robin fue segundo en el televoto. Y mañana, cuando sepamos las cifras de votación finales, a buen seguro serán muy superiores para Frans que para cualquiera de estos dos ejemplos, dada la introducción de la "app". 

En cuanto a la leyenda de que si la canción ganadora no gana televoto y jurado a la vez no hace buen papel en Eurovisión, parece desmentida desde que Sanna fue segunda en el jurado y ganó el televoto, y acabó 3ª en el festival. Aún así, el punto de diferencia no parece muy determinante en este aspecto.

Parece que este año, no solo en Suecia sino también muchas de las apuestas para Eurovisión de otros países, está de moda lo transgresor, lo vanguardista, un paso más allá de la acostumbrada melodía eurovisiva, de la típica diva a cargo de un baladón o de una devora-hombres bailando un uptempo pegadizo. Posiblemente, es efecto de algunos de los buenos resultados que consiguieron en 2015 temas de ese estilo novedoso. Parece, por tanto, que al menos por este año quedan atrás las puestas en escena recargadas o los trajes iluminados, los 'keychanges' trillados y lo puramente 'eurovisivo'.  Los resultados de este año marcarán la tendencia del próximo, como casi siempre.

Lo que está claro es que Frans tiene por delante una carrera de éxito en su país desde el momento en que lidera las descargas y reproducciones de su canción y es ídolo de buena parte de la juventud. Tendrá que luchar para convencer a los que le aborrecen y será seguramente ardua tarea. No se le puede negar que si ha llegado hasta aquí, por algo será. Y siempre es más bonito aplaudir que silbar.

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