lunes, 16 de mayo de 2016

Ucrania se lleva una victoría reñida y pisa los sueños de Rusia y Australia

(c) eurovision.tv
Y Ucrania venció. La excelente interpretación de Jamala y su sentido tema, presentado de forma espectacular en cámara pero sin estridencias, hizo que el jurado y el televoto la consideraran una de las dos mejores. A pesar de que no fue la ganadora para ninguno de los dos, tomó ventaja para superar a la favorita del jurado, Australia, y del público, Rusia. 

Quizás sea una victoria mucho más política de lo que a la UER le hubiera gustado, por el tema de la canción, del que algunos piensan que no debería haberse permitido siquiera concursar, o por los combates Rusia-Ucrania, llevados ahora al escenario. No es un tema comercial y posiblemente no lo oigamos jamás en ninguna radio del continente, lo cual no es requisito indispensable para ganar, pero sí algo que se había venido instaurando en los últimos años. Tampoco será una ganadora recordada a buen seguro con el paso de los años.

Pero la matemática es así y la suma de los votos da lo que da. De media, es la que más ha gustado. Australia, que rozó el triunfo tras la votación del jurado, tendrá que esperar. Ganar tan pronto lo mismo hubiera resultado un poco violento para esa parte de la audiencia que aún no ha digerido que los australianos estén en Eurovisión. Sin recursos se han quedado los que veían manos negras empujando a este país hacia una victoria 'preparada': con el sistema antiguo de votación, habría ganado.

Rusia ha tenido que tragarse la hiel de nuevo. Convertida en una especie de Reino Unido del siglo XXI, la madre Rusia acabó tercera a pesar de ser favorita en las apuestas desde marzo y de convencer al público gracias a su espectacular show y sus excesos visuales. Las caras de la delegación rusa tras sumar los puntos lo decían todo: decepción y seguramente rabia contenida por ceder el trofeo a Ucrania, a la que la prensa rusa se había encargado de machacar horas antes. No tardará en volver el festival a Moscú o San Petersburgo.

En cuanto al show, una vez más la SVT demuestra que sabe hacer las cosas bien. Muy bien. Espectáculo visual, bien medido, sin excesos; presentadores excelentes, una pareja ideal y una Petra Mede jaleada en varias ocasiones en cada show; intermedios y vídeo divertidos y con mucho humor; y, en Estocolmo, una de las organizaciones más cuidadas y perfectas de cuantas hemos vivido. Como en todo, hay cosas mejorables: un escenario como el de Copenhague siempre es deseable, pero no siempre es posible. El show de presentación fue original, con el desfile de modelos, pero quizás menos espectacular que el tradicional con banderas. Poco en el debe para tanto en el haber. Deseosos ya de Göteborg 20XX, pese a quien pese.

En los siguientes artículos hablaremos de los demás finalistas, de sus actuaciones y resultados, de los que se quedaron fuera y, por supuesto, de Barei y de España. ¡No os lo perdáis!

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